
¡Valiente semana más anodina llevo! Anodina es una palabra que no encaja muy bien aquí, pero mira que suena bien… Piénsalo. Anodina, a-no-di-na. Pura melodía. Lo cierto es que esta semana no ha pasado nada fuera de lo común salvo un par de cosillas, que según se iban dando, bien pensé en todos vosotros y creí que esto sería muy interesante de contar. Cargué en La Fundación Jiménez Díaz con destino al barrio de Salamanca, una mujer embarazadísima con la cara descompuesta acompañada de una amiga. Me urgieron al destino ya que salían de consulta y no se encontraba bien. Por un momento me vi atendiendo a un parto, cosa que me hace bastante ilusión no ya tanto por traer una nueva vida al mundo, que eso le puede pasar a cualquiera, sino porque me iba a quedar estupendamente en mi blog, en la prensa local y contándolo una vez tras otra en esas noches de DYC y anécdotas. Finalmente la cigüeña no me trajo el regalito, aunque eso es más bien un sería un caramelo envenenado ya que la placenta y demás, creo que deben ser bastante malos para la tapicería del Octavia. Amigos del motor ¿vosotros que opináis? En todo caso es un precio que hubiera pagado sin sobresaltos ya que una tarde en El Diario de Patricia hablando de lo bonito que es ser comadrona improvisada bien merecería el sacrificio. Los periodistas tan locuaces e inteligentes, hablarían de héroe por accidente o por un día, dependiendo de si eran becarios o estaban en plantilla. La buena mujer se comió un donuts mío y me dio 45 céntimos de propina.
El túnel de María de Molina se colapsó el otro día; pasaba por allí cuando la radio comentaba el estado del tráfico a la altura de la Glorieta del doctor Marañón. C/ José Abascal en su línea pero lo sorpresivo fue el comentario del hombre de la radio que decía que el túnel se había atascado por “un pequeño accidente”. Lo contemplé en directo. Un camión grúa que había decidido medirse con el túnel y ganó el envite. El caos fue monumental, cuando el lepero que pilotaba el camión decidió sucumbir a la testarudez del túnel y recular una vez acreditadas las dimensiones de su aparato. Pero no hay que preocuparse llegaron esos que no son ni Guardias Civiles ni Policías Municipales ni Nacionales. Son simplemente los Power Rangers del tráfico (en adelante, los fosforitos) y entonces la asistencia al Homenaje al Doctor Marañón se convirtió en multitudinaria. Atónitas mis pasajeras, decidieron increparles desde el taxi, pero ellos son muy conscientes de la grandeza de su labor y de las miserias del resto de los mortales, de modo que mantuvieron su operatividad habitual, y oye, digan lo que digan es bonito y muy útil ese toque de amarillo chillón que se le da a una ciudad tan llena de asfalto y fuentes. Y resulta que hay mucho ingrato que duda de su utilidad…
Prometo un monográfico más adelante sobre los fosforitos. Estos muchachotes han conseguido entre otras cosas, superar el viejo dilema de la humanidad de ¿qué fue antes el huevo o la gallina? Sustituyéndolo por una nueva cuestión ¿qué fue antes el atasco o el fosforito? Da igual, déjalo.
Y bueno, lo que todos esperábais, cobré los 20 euros del ecuatoriano. Vino a mi barrio (en metro, eso sí) y allí quedé con él. Venía impecablemente aseado y con su hija de la mano (¡menudo ejemplo para el retoño!: vamos a canselar con el taxista al que no pagué el otro día cuando mis amigotes me metieron en su taxi a la fuerza ya que tenía un borracherón más grande que un mulo y la arpía de tu madre no quiso dejarme los 20 euros de la carrera y le di mi móvil en prenda)
¿Sabéis qué? Tengo todas mis esperanzas puestas en Educación para la Ciudadanía.Besos, feliz semana y viajad en taxi.
El túnel de María de Molina se colapsó el otro día; pasaba por allí cuando la radio comentaba el estado del tráfico a la altura de la Glorieta del doctor Marañón. C/ José Abascal en su línea pero lo sorpresivo fue el comentario del hombre de la radio que decía que el túnel se había atascado por “un pequeño accidente”. Lo contemplé en directo. Un camión grúa que había decidido medirse con el túnel y ganó el envite. El caos fue monumental, cuando el lepero que pilotaba el camión decidió sucumbir a la testarudez del túnel y recular una vez acreditadas las dimensiones de su aparato. Pero no hay que preocuparse llegaron esos que no son ni Guardias Civiles ni Policías Municipales ni Nacionales. Son simplemente los Power Rangers del tráfico (en adelante, los fosforitos) y entonces la asistencia al Homenaje al Doctor Marañón se convirtió en multitudinaria. Atónitas mis pasajeras, decidieron increparles desde el taxi, pero ellos son muy conscientes de la grandeza de su labor y de las miserias del resto de los mortales, de modo que mantuvieron su operatividad habitual, y oye, digan lo que digan es bonito y muy útil ese toque de amarillo chillón que se le da a una ciudad tan llena de asfalto y fuentes. Y resulta que hay mucho ingrato que duda de su utilidad…
Prometo un monográfico más adelante sobre los fosforitos. Estos muchachotes han conseguido entre otras cosas, superar el viejo dilema de la humanidad de ¿qué fue antes el huevo o la gallina? Sustituyéndolo por una nueva cuestión ¿qué fue antes el atasco o el fosforito? Da igual, déjalo.
Y bueno, lo que todos esperábais, cobré los 20 euros del ecuatoriano. Vino a mi barrio (en metro, eso sí) y allí quedé con él. Venía impecablemente aseado y con su hija de la mano (¡menudo ejemplo para el retoño!: vamos a canselar con el taxista al que no pagué el otro día cuando mis amigotes me metieron en su taxi a la fuerza ya que tenía un borracherón más grande que un mulo y la arpía de tu madre no quiso dejarme los 20 euros de la carrera y le di mi móvil en prenda)
¿Sabéis qué? Tengo todas mis esperanzas puestas en Educación para la Ciudadanía.Besos, feliz semana y viajad en taxi.

