
Llevo más retrasos que una parturienta. De modo que haremos tabula rasa, y condensaremos las últimas semanas en esta entrada.
Conocí a un artista, pero una artista de los de verdad, no uno de los que salen en la tele.
Cabría preguntarse aquí que es el arte, pero seguro que sale algún gilipollas que salta con el chiste. Perdón querido lector o lectora (cada día soy más políticamente correcto y más progre) no me refería a ti, que has pecado de pardill@ y has caído. En fin.
El tipo en cuestión se daba un aire a Joaquín Luqui, que en paz descanse, los pelos alborotados hacia el exterior imitando la representación pueril del sol, si bien el tono madridista se había apoderado de sus capilares.
Comentaba como buen español la situación del arte, quejándose de algunos de sus colegas y con cierta tendencia a la egolatría. Viajaba con otro compañero de fatigas, que en un primer momento pensé discípulo por el tono de halago y peloteo que mostraba hacia el que más hablaba. Un friki supuse, y el otro más todavía.
Pronto su conversación se tornó en algo que cautivó mi atención y las ínfulas parecieron sinceras. Pongo el GPS con el destino para evitar pasarme, ya que como buen hombre que soy, tengo incapacidad para hacer dos cosas a la vez. Concentré mi atención en su charla que no desvelaré porque había nombres y críticas mordaces. Queridos artistas, bienvenidos al maravilloso mundo de la queja y del lamento de nuestra suerte, comparten mantel con taxistas y agricultores.
Reconozco que a medida que iba avanzando la carrera me iban convenciendo más sus planteamientos (y no tiene nada que ver con el avance del taxímetro, que ya veo venir a más de uno) Finalmente les concedí a ambos la categoría de artistas, confirmada una vez vi las obras en imágenes de google. Id a verlo, de verdad que mola bastante. Está exponiendo (o estaba en el Reina Sofía, Queen Sophie, en inglés) Horacio Molero, se llama. Su amigo no se identificó pero era un admirador de su obra artística y ambos le pegaban a la música, aunque de esto último no tengo elementos de juicio. En fin, eran de la SGAE, pero nadie es perfecto.
Esa misma semana llevé a una guapa moza novia de un futbolista de un importante equipo que iba a ver a su prometido, encantada de la vida con la posibilidad de casarse con su amado. El año que viene a pasar por el altar. Curiosamente una abogada divorciada, experta en divorcios, y resabiada de la vida me dio los oportunos consejos por si algún día llegaba la hora. Lástima que los años y la vida nos acaben por hacer odiar a ambos.
El breve repaso a estas últimas semanas con una visita al cementerio sur, con su correspondiente espera y regreso al punto de partida. Carrera buena, pero como siempre con la consiguiente historia dramática contada por la vuida. Tuve que bajar del coche y vigilarla en la distancia y con discreción puesto que el calor era sofocante, la mujer tenía ciertas dolencias y la emoción me hizo temer por su salud y el consiguiente problemón de estar en un cementerio medio desierto con una mujer a punto de desmayarse. Encima no había servicios y pensé que estaba feo regar los árboles de un camposanto, por aquello de las filtraciones, así que me tocó esperar a que terminara dando saltitos. Menuda historia. Finalmente la sangre no llegó al río.
Saludos al trío de botelloneros de Pucela, Logroño y San Sebastián. Hecho de menos la Universidad y la vida salvaje que me daba cuando no tenía ni una cana, viajaba en metro y fumaba de gorra.
Señores, comed verdura, lavaos los dientes y si os dan caramelos los extraños no los cojáis que pueden llevar droga.
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