
La crisis me ha hecho ávido lector de los diarios gratuitos, los cuales son muy útiles debido a lo grande de su formato, la torpeza de sus plumas y a lo graciosos de sus repartidores ataviados con llamativos chubasqueros a juego con sus legañas.
Lo más interesante suele ser el sudoku y la información con más credibilidad de todo lo que publican, es el horóscopo: Aproveche este día, no se repetirá. Qué gran frase y qué gran verdad.
La mañana… ¿adivina? Sí, anodina. Adivina es la negación de la deidad, ahora que lo pienso. Bueno, es indiferente. La tarde un regalo de los astros. El pistoletazo de salida comienza en la zona norte, una mujer rubia, con el pelo corto, bastante alta, creo, y ojos azules. Seria en su semblante y correcta en sus formas, parca en palabras en un inicio y cordial más adelante. Aparte de hacerme la mejor carrera del día, me estuvo explicando que trabajaba en procesos. Trabajar en procesos es dedicarse a los procesos, esto es de Pero Grullo, pero creo que ni ella ni yo fuimos capaces de entendernos más allá de la obviedad. Era algo así como crear protocolos de actuación para hacer determinadas cosas, es decir, estandarizar procedimientos de altas, bajas, solicitudes y demás. Se le escapó algún taco a lo largo la conversación, lo cual le dio un toque mucho más mundano a alguien que a priori parecía mucho más amiga de Pertegaz y los alhelíes. Una tía interesante, con un trabajo desconcertante y además me dio una idea que estoy madurando, de cómo gestionar todas las aportaciones de los clientes y taxistas, dentro del ciberespacio.
Siguiente servicio cien metros más adelante de la finalización (norte, próximo a M-30) y con destino al sureste. Varón de unos treinta y tantos, que empieza su disertación sin anestesia: Me acaban de despedir.
-Póngase cómodo y cuéntemelo ahora mismo.
Bacteriólogo de profesión que trabajaba en una multinacional farmacéutica desarrollando un conocido complemento vitamínico, y al que hacía un rato le había dado la noticia de que su proyecto sería finalizado por otra persona, uniéndose así a la lista de desempleados que día tras día sigue aumentando a un ritmo vertiginoso. Menos mal que ha llegado Obama y esto se va a enderezar en cuestión de días…
Cuatro años de servicio a la empresa, una mujer que también se encontraba en el paro y la desorientación como aliada acompañaban a mi cliente que pareció encontrar en el taxista un íntimo amigo del que recibió tantos consejos como permitieron los once con veinte euros que lo separaron de su destino. Eres el primero en enterarte, dijo, lo cual añadió un plus de responsabilidad a mi condición de psiconalxista. Dice el refrán que “hombre de muchos oficios, pobre seguro”. La sabiduría popular castellana me conoció antes de nacer, está claro.
Completé mi tarde con dos señoras que venían de viaje juntas, la primera de ellas se quedó en ese barrio tan conocido y amado por el gremio de los taxistas dado lo largo de sus carreras que rara vez superan los cuatro con cincuenta. Sí, ese barrio que tiene nombre de ciudad con universidad. Bueno, es anecdótico. La segunda continuó hasta el barrio de la diéresis, trayecto tras el cual me soltó una teórica impagable. 90 divertidos añitos acompañaban a una mujer tan inteligente y tan graciosa que tras un error mío decidí parar el taxímetro aún sabiendo que ese error era intranscendente. Hija de un represaliado de la República por ser monárquico y romanonista. Un recorrido por la ciudad de Madrid de los años treinta descrito con tal clarividencia que pareciera que aún estuvieran las casas palaciegas de los condes y marqueses que habitaban en el entorno de la plaza de Colón. No, no era la historieta del abuelo cebolleta, pesado y de hablar quejoso y lento, era el relato de una mujer que tras 18 increíbles lustros, no había perdido ni una neurona, ni un resquicio de memoria. El marqués de Salamanca fue muy rico y murió arruinado debido a que gastó su fortuna en acondicionar el barrio que lleva su nombre. El centro Colón, la sede del PP y el uno de Castellana fueron casas palacio de condes y marqueses hasta hace bien poco, todos con nombres y apellidos. La calle Almagro tenía dos cines que en el año treinta y cinco valían una peseta y media, mucho más económicos que los de la Gran Vía que valían la prohibitiva cifra de tres pesetas. La Castellana era el lugar de paseo de Madrid, pero cada año estaba de moda pasear por un lado de ella de modo que un lateral iba saturado al tiempo que el otro iba vacío, dependiendo de la moda de cada año. El hombre es un ser de costumbres y las costumbres funerarias en Suecia son peculiares, el muerto al hoyo y el vivo con Raquel la de Chiquetete, curiosa tanatohistoria que me guardo para mi…
¿La recaudación del día? Con más pena que Gloria Fuertes, pero no se puede tener todo.
Lo más interesante suele ser el sudoku y la información con más credibilidad de todo lo que publican, es el horóscopo: Aproveche este día, no se repetirá. Qué gran frase y qué gran verdad.
La mañana… ¿adivina? Sí, anodina. Adivina es la negación de la deidad, ahora que lo pienso. Bueno, es indiferente. La tarde un regalo de los astros. El pistoletazo de salida comienza en la zona norte, una mujer rubia, con el pelo corto, bastante alta, creo, y ojos azules. Seria en su semblante y correcta en sus formas, parca en palabras en un inicio y cordial más adelante. Aparte de hacerme la mejor carrera del día, me estuvo explicando que trabajaba en procesos. Trabajar en procesos es dedicarse a los procesos, esto es de Pero Grullo, pero creo que ni ella ni yo fuimos capaces de entendernos más allá de la obviedad. Era algo así como crear protocolos de actuación para hacer determinadas cosas, es decir, estandarizar procedimientos de altas, bajas, solicitudes y demás. Se le escapó algún taco a lo largo la conversación, lo cual le dio un toque mucho más mundano a alguien que a priori parecía mucho más amiga de Pertegaz y los alhelíes. Una tía interesante, con un trabajo desconcertante y además me dio una idea que estoy madurando, de cómo gestionar todas las aportaciones de los clientes y taxistas, dentro del ciberespacio.
Siguiente servicio cien metros más adelante de la finalización (norte, próximo a M-30) y con destino al sureste. Varón de unos treinta y tantos, que empieza su disertación sin anestesia: Me acaban de despedir.
-Póngase cómodo y cuéntemelo ahora mismo.
Bacteriólogo de profesión que trabajaba en una multinacional farmacéutica desarrollando un conocido complemento vitamínico, y al que hacía un rato le había dado la noticia de que su proyecto sería finalizado por otra persona, uniéndose así a la lista de desempleados que día tras día sigue aumentando a un ritmo vertiginoso. Menos mal que ha llegado Obama y esto se va a enderezar en cuestión de días…
Cuatro años de servicio a la empresa, una mujer que también se encontraba en el paro y la desorientación como aliada acompañaban a mi cliente que pareció encontrar en el taxista un íntimo amigo del que recibió tantos consejos como permitieron los once con veinte euros que lo separaron de su destino. Eres el primero en enterarte, dijo, lo cual añadió un plus de responsabilidad a mi condición de psiconalxista. Dice el refrán que “hombre de muchos oficios, pobre seguro”. La sabiduría popular castellana me conoció antes de nacer, está claro.
Completé mi tarde con dos señoras que venían de viaje juntas, la primera de ellas se quedó en ese barrio tan conocido y amado por el gremio de los taxistas dado lo largo de sus carreras que rara vez superan los cuatro con cincuenta. Sí, ese barrio que tiene nombre de ciudad con universidad. Bueno, es anecdótico. La segunda continuó hasta el barrio de la diéresis, trayecto tras el cual me soltó una teórica impagable. 90 divertidos añitos acompañaban a una mujer tan inteligente y tan graciosa que tras un error mío decidí parar el taxímetro aún sabiendo que ese error era intranscendente. Hija de un represaliado de la República por ser monárquico y romanonista. Un recorrido por la ciudad de Madrid de los años treinta descrito con tal clarividencia que pareciera que aún estuvieran las casas palaciegas de los condes y marqueses que habitaban en el entorno de la plaza de Colón. No, no era la historieta del abuelo cebolleta, pesado y de hablar quejoso y lento, era el relato de una mujer que tras 18 increíbles lustros, no había perdido ni una neurona, ni un resquicio de memoria. El marqués de Salamanca fue muy rico y murió arruinado debido a que gastó su fortuna en acondicionar el barrio que lleva su nombre. El centro Colón, la sede del PP y el uno de Castellana fueron casas palacio de condes y marqueses hasta hace bien poco, todos con nombres y apellidos. La calle Almagro tenía dos cines que en el año treinta y cinco valían una peseta y media, mucho más económicos que los de la Gran Vía que valían la prohibitiva cifra de tres pesetas. La Castellana era el lugar de paseo de Madrid, pero cada año estaba de moda pasear por un lado de ella de modo que un lateral iba saturado al tiempo que el otro iba vacío, dependiendo de la moda de cada año. El hombre es un ser de costumbres y las costumbres funerarias en Suecia son peculiares, el muerto al hoyo y el vivo con Raquel la de Chiquetete, curiosa tanatohistoria que me guardo para mi…
¿La recaudación del día? Con más pena que Gloria Fuertes, pero no se puede tener todo.
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